Y tras la calma vino la tempestad: Vaho en agosto.

Publicado: 8 agosto, 2011 en Kiev, Pirohovo

(Sí amigos, éste es el acogedor portal de mi casa)

La segunda semana tampoco es que comenzara muy bien. Casualidades de la vida, las dos últimas bolsas de leche que compré estaban rancias, pero como yo soy un amante de la leche fría ártica y antártica, no noté el sabor rancio hasta bien tragado un hermoso bol para cenar. Obviamente ésto tiene unas consecuencias digestivas que ya quisiera José Coronado, por lo que tras una memorable noche de lunes tiré la primera bolsa. Ídem me pasó con la segunda bolsa de leche para desayunar, por lo que la fiesta del lunes continuó hasta la mañana del martes. No he vuelto a comprar leche en bolsa desde entonces.

Otro curioso fenómeno que empezó entonces es el ritual de la lluvia, y es que todas las noches, todas, a partir de cierta hora empezaba a llover. Eso sí, seguía haciendo un calor del recopetín. El primer día, con una lluvia de tan sólo 15 minutos provocó un apagón general en todo el barrio que no se solucionó hasta ¡3 horas! después. Esto significó llegar  casa mojado, no poder ducharse, cenar a tientas adivinando lo que comes, abanicarse a mano por no funcionar el ventilador y rezar para que no se echara a perder la nueva leche (en botella) que acababa de comprar. Sin nada que hacer, nadie con quien hablar, y sintiendo que estaba viviendo en una cueva, me acuesto a las 22:00 (no recuerdo cuándo fue la última vez que me acosté tan pronto).

El lunes pregunté a la secretaria de jefazo si iba a empezar ese día con las clases de español. Su respuesta fue: “Lo cierto es que no es que no haya muchos estudiantes de español, es que no tenemos ninguno. Lo más seguro es que empieces en agosto. Así que no, no tienes clases, disfruta de tu tiempo, ya te avisaremos” ¡No todo iba a ser tan malo! ¡Otra semana más en Kiev de gratis!

A partir de entonces, y ya iba siendo hora, todo empezó a ir a mejor. Llegó un nuevo alumno a nuestra clase de ruso, Daniel, alemán, con el que me empecé a llevar bien. Ídem con Can, turco. Y más tarde conseguí convencer a 3 chicas, que estaban haciendo el mismo programa que yo, de que se vinieran a Odessa un fin de semana (no pensemos mal, que chicos no quisieron venirse ninguno). Súper contento de mi recién adquirida suerte (debe ser que con lo de la leche purifiqué mi karma o qué se yo) nos fuimos a comprar los billetes de tren.

Pero no iba a ser tan fácil. El primer problema fue un fallo táctico. Brandon me oyó decir lo de Odessa, y en vez de preguntarnos si se podía unir, decidió que lo mejor era seguirnos hasta la estación. El camino (media hora) fue toda una épica batalla estratégica y dialectal, llena de indirectas, dobles sentidos y sarcasmo a tutiplén. Pero Brandon es bueno en ésto: no se dió por aludido en ningún momento. Encima repitió como 6 ó 7 veces por el camino que no llevaba dinero encima, y que tendría que volver al día siguiente, como dejando caer que le pagáramos su parte. Ya en la estación conseguimos quitárnoslo de encima, gracias a la infalible técnica del “make yourself the Swedish“, de la que soy fan y en la que soy bueno, muy bueno.

La estación de tren de Kiev es muy bonica ella, me recuerda incluso a la de Nueva York. Pero como ocurre con la ciudad, a pesar de su belleza la gente no es tan agradable. Tras representar soberbiamente la escena de ir en ventanilla en ventanilla de “Astérix y las 12 pruebas” encontramos aquélla en la que vendían los tickets. Es increíble pero debe de haber como 40 ó 50 ventanillas y en todas ellas hay una cola de media hora. ¿La razón? Pues que es un medio de transporte muy barato, saliendo los 100km de recorrido más o menos a unos 3€. El trayecto Kiev-Odessa (480km) sale a poco menos de 15€, cuando un Murcia-Valencia (240km) te cuesta unos 23€.

El segundo problema era la compra del billete en sí. Para empezar, justo cuando nos tocaba a nosotros, la chica de la ventanilla decidió que era el momento idóneo para tomarse su descanso, así que nos cerró la ventana en las narices, dijo que volvería en 20 minutos y desapareció. Tras 20 minutos de verdad volvió a aparecer y como suele pasar, empezó a ponernos pegas en ruso. Afortunadamente, una de las chicas que viene a Odessa tiene un B2 en ruso, por lo que tras un buen rato (10-15 minutos, cuánto habríamos tardado si no hubiera estado ella), conseguimos sacar los billetes en compartimento koupe (como habitaciones de 4 camas) a pesar de la cara de mala hostia de la chica de la ventanilla. Si alguna vez compráis un billete de tren en Ucrania, no os preocupéis demasiado por las caras de mala hostia de los/as funcionarios/as. Si les dices que vas a Odessa te miran mal. Si les dices que quieres el tren de las 22:00 echan espuma por la boca. Si les dices que quieres la vuelta el domingo aprietan los puños. Si les dices que quieres un compartimento para 4 empiezan a maldecir. Si les das el dinero preparan un caldero para cocinarte en él. Es decir, que es su estado natural, no os preocupéis.

Esa misma noche me enteré de que había un English Speaking Club en Kiev, por lo que decidí ir a ver cómo era eso. Y menos mal que fui, porque fue la primera noche que por fin me lo pasé realmente bien. Se trata de un grupo de gente que se reúne en un bar-restaurante todos los martes para hablar en inglés. La gran mayoría son ucranianos, y super majos, por lo que cuando un extranjero se une, le cosen a preguntas. Y a mí me vino genial para conocer gente de allí. ¡Todos salimos ganando!

El sábado fue un día redondo, y parte de la culpa la tiene Pirohovo, un pequeño pueblo/museo a media hora en marshrutka de Kiev. La marshrutka viene a ser un RayoBus, sólo que a diferencia de éste, la mitad del trayecto transcurre con el culo a 10 cm del asiento. Ésto en castellano es: agarráos porque  ni el Canguro de la feria pega semejantes saltos.

Pirohovo es un sitio que merece la pena, pero empecemos con el primer consejo: No saques la cámara de fotos hasta que hayas caminado unos metros desde la entrada. Yo, desconocedor de ésto, la saqué nada más bajarme de aquel Rayobus demoniaco y al sacar la entrada (20 grivnas = 1’8€), una señora mayor que me vio con la cámara empezó a gritarme. Me acerco a ver qué quiere (como si el ruso se entendiera mejor de cerca…) y me señala la cámara mientras sigue chillándome como si acabara de robarle el gato. Intuí (qué rara se ve esta palabra escrita) que había que pagar por la cámara y así fue, 15 grivnas, poco más de 1€. Que sí, que no es mucho, pero jode cuando podía haber sacado la cámara después. Ésto es como las bolsas del supermercado, que valen una miseria pero todos preferimos hacer malabares con las compras de camino a casa antes que comprar la bolsa cojonera. Así que ya sabéis, ¡mantened la cámara escondida mientras pasáis la entrada!

Basicamente el atractivo de Pirohovo son las casas y el atuendo de las gentes de por allí, pues se supone que emulan la Ucrania de entre los siglos XVI y XIX. El sitio además es una gran zona de descanso, y se pueden ver muchas familias que deciden pasar el día allí para comer, tumbados en la hierba, sentados en algún banco o en alguno de los muchos restaurantes con comida típica ucraniana. También se ven músicos tocando instrumentos raros (http://www.youtube.com/watch?v=7NwuuURmeYc), molinos de viento, e iglesias de madera que parecen hasta vikingas. Para las chicas, ni en ésta ni en otras iglesias se puede entrar con pantalones/falda cortos/a, pues aquí al menos aparecieron de la nada dos mujeres ancianas y cercaron el paso a una amiga eslovaca que venía con nostros (sí, aquí las mujeres ancianas son las que parten la pana). También puede ocurrir que no os dejen entrar si no lleváis un pañuelo en la cabeza, aunque no fue éste el caso.

La verdad es que la experiencia es recomendable, descansas un poco del ajetreo de Kiev, tomas comida típica, disfrutas de la naturaleza, ves la tradición ucraniana, sus ropas folklóricas, y hasta sus fiestas… Y oye, que da gusto ver tanto verde en verano, para aquellos que estamos cansados del amarillo marronáceo de España o el gris mustio de Kiev.

De igual forma que el último segundo del año (silencioso, tenso, largo) es totalmente diferente del primero del año siguiente (ruidoso, festivo, corto), con esa misma precisión dio paso julio a un agosto totalmente opuesto: llovió como si no hubiera un mañana, las temperaturas bajaron en barrena, y la brisa veraniega se convirtió viento casi gélido. Pasé de dormir con el ventilador puesto toda la noche, a dormir tapado con dos mantas; del ir sudando con manga corta a tener frío con la chaqueta encima; del abanicarme con cualquier papel a frotarme las manos cada minuto para que no se me helaran. Terminé de sorprenderme cuando volviendo a casa sobre las 12 de la noche confundí a una pareja con fumadores. Al rato me di cuenta de que no estaban fumando. Respiro y confirmo lo que me pareció increíble: Vaho en agosto.

Curiosidad del día: En Ucrania está prohibido jugar a las cartas, al menos en bares y restaurantes. Por lo visto en este país cartas significa apostar (cuando saco las cartas y les digo de jugar a un juego español, y que no hay que apostar, ponen una cara de incompatibilidad de órdago), por lo que no está permitido en lugares públicos. ¡Ni siquiera para jugar al burro!

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comentarios
  1. yul dice:

    Jab, me ha hecho mucha gracia leer tu blog, así es como si no estuvieras tan lejos! espero que las vicisitudes (toma palabro) se vayan solucionando, te sigo leyendo. Suerte, miss you!!

  2. aiari dice:

    Nos tienes en ascuas!!! Espero que todo vaya bien ^^

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