Nadie me dijo que hiciera tanto calor en Ucrania

Publicado: 25 julio, 2011 en Kiev

Voy a ir un poco más rápido porque se me van acumulando los días y me veo que no voy a llevar ésto al día.

Día 4

Me levanto entusiasma-do como diría Gorm (personaje de Vickie el Vikingo, para los que no tienen infancia), pues hoy sería mi primera clase de ruso. Con los idiomas es algo que siempre me pasa. Cuando empecé con francés, me sentía genial cuando hacía mis primeros acentos al revés; y con el alemán me sentía Goethe intentando mejorar la forma de mis “ß‘s”. Hoy sería algo distinto. Escribir ruso es como escribir letras del revés, boca abajo, y encima es como empezar de cero, pues hay letras del cirílico que son unas jodidas grandiosas “false friends“. Ejemplos: La P es una R. La B es una V. La u (minúscula) es una i. Y por supuesto la Y es una U. No hablemos ya de la M, que en mayúsculas es lo mismo, pero en minúscula es una t. ¡Qué hermosura de alfabeto y qué quebraderos de cabeza que da! ¡Bonico!

Bueno, a lo que iba, que me voy por las ramas. El caso es que, retomemos, me levanto de buen humor (y eso que me levanté a las 8). Como por las mañanas estoy en mi mundo, para cuando iba a decirles a mis compañeros de piso que sí nos íbamos ya, me dí cuenta de que sus habitaciones estaban vacías. Se habían ido sin ni siquiera despedirse. Me acordé de todos esos grupos de Facebook tipo “No te deseo ningún mal, pero…“, y me fui con la música a otra parte, en concreto a la escuela.

Ayer se me olvidó comentar que tras la charla del jefazo nos dijeron que iba a haber una prueba de nivel para ver en qué clase nos colocaban. Por supuesto mi nivel era como el de las temperaturas de por aquí en invierno, bajo cero, así que ni me molesté y me quedé en la sala de los ordenadores mirando el correo. Al rato se acerca la secretaria del jefazo y se sienta a mi lado con cara de estar punto de decirme una terrible noticia. Puso tal cara de “estamos contigo” y me habló con una voz tan suave, que acepté hacer el test (no era tan terrible la noticia). Me dieron el papelito y bueno, no sabía ni por donde empezar, estaba TODO en cirílico. Con decir que no sabía ni dónde había que poner el nombre… Levanté la cabeza del papel y miré a la chica que me entregó el test diciendo “are you sure I have to do this?“. Ella parecía que sabía que iba a preguntar, pues ya estaba afirmando con la cabeza. Vuelvo a bajar yo la mía resignado, y comienzo a entender la felicidad que sintieron los franceses cuando descubrieron la piedra de Rosetta. Contesto una, aunque dudoso. Me tiro 5 minutos pensando la segunda, pero la contesto también. La tercera no hay manera, y la cuarta menos. Cojo una aleatoria, y la contesto también. Se me ocurre mirar el número de preguntas y veo que son 50. FUUUUUU! Desisto. Le digo a la chica que si sigo contestando va a ser a boleo, y que para eso que me coloque en la clase de amateurs totales. Asiente con cara de estar pensando “pringao” y me deja en libertad provisional.

Así que hoy, día 4, llegué a mi clase de amateurs totales y resulta que éramos 3 americanos (everywhere), 2 españoles y un belga. Y he de añadir que hemos tenido suerte con la profesora: se llama Жеия (Zhenia) (o como se escriba), es joven, bastante guapa, simpática y parece contenta con nosotros. Además mete caña, pues en el momento en el que estoy escribiendo (5º día de clases) ya hemos dado el acusativo, el genitivo y el preposicional. Fuck yeah.

Tras comer con Brandon y una chica suiza (de las americanas de ayer ni rastro) me volví pronto a casa pues esa tarde nos iban a instalar el wi-fi y alguien tenía que abrir la puerta. Brandon empezaba hoy a enseñar inglés, y Michael pues a saber dónde estaba.

Día 5

La mañana fue más o menos como la anterior: para cuando me vengo a dar cuenta estoy solo en el piso.Mensaje captado.

Ese día comí de nuevo con las 2 americanas y la chica británica en una especie de Starbucks, y viendo lo que nos reíamos me alegré de no ser yo el problema, sino mis compañeros de piso. Pero como ellas sí que tenían que enseñar inglés por la tarde, cuando nos despedimos me planteé la opción de dar una vuelta por la ciudad, y aprovechando que estoy solo, hacer fotos (prefiero hacerlas cuando voy solo, más que nada porque cuando he ido acompañado me llaman de pesado para arriba). Lo que iba a ser una simple vuelta se conviertió en una caminata de casi 5 horas. Cuando vine en invierno pensé que había visto la famosa calle de Andriesky, pero luego me dí cuenta de que ví una mínima parte, así que decidí empezar por ahí para verla entera. Esta calle es la típica que hay en casi todas las ciudades, con artistas, puestos, souvenirs, etc… Además la calle está muy empinada hacia abajo y pasa por un montón de edificios antiguos, con lo que merece mucho la pena pasar por allí. Sobre los souvenirs, creo que ya lo dije, casi todos son de temática soviética: gorros, chapas, máscaras antigas, banderas de la URSS, figuritas de Lenin, peluches de los dibujos animados soviéticos (Cheburashka, a la izquierda), etc…

Me dí cuenta de que me estaba metiendo en la Kiev profunda, pues había dejado atrás los edificios altos de post-comunismo para sumergirme en la Kiev de antes de la IIGM. Casas viejas, que se caían a pedazos, calles más sucias, el número de turistas (ya de por sí bajo) desciendo aún más… “Me gusta” pensé, y decidí continuar por allí. Claro, todo ésto fue después de comer, y empezaba a hacer un calor abrasador. Porque aunque no lo parezca, en Ucrania hace un calor de cojones. Vale que llegaron a -35º C este febrero, pero el día en que estaba dando el paseo estábamos rondando los 40ºC. Y lo peor es que de tanto callejear por casas antiguas me perdí. Me dirigí hacia el río para poder guiarme y ya de paso disfrutar de la escasa brisa que da éste. Aquí me hizo gracia una cosa. En vez de tener como tenemos los mediterráneos, paseos marítimos agradables y bonitos (unos más que otros), esta gente se empeña en hacerlo todo gris: el paseo a lo largo del río se hace a través de una línea de tranvía abandonada. Como se aprecia en la foto, a la derecha hay como un bosquecillo al cual se me ocurrió meterme.

Esa mañana había llovido, por lo que estaba todo embarrado y no invitaba a entrar. Por alguna razón que no se me ocurre hice caso omiso a ésto y seguí caminando por el bosquecillo, tal vez pensando en que con tanta sombra se me iría el sofoco de los casi 40ºC. Ahora viene una cosa típica ucraniana, como he podido comprobar en el día en que escribo ésto (lo que significa que dentro de unos días podréis leer cómo volví a caer en una trampa parecida): a los ucranianos les encanta hacer caminos y senderos que parecen públicos, para terminar de golpe en un terreno privado. Cuando llevaba media hora caminando, con los zapatos ya llenos de barro, me encuentro con que la cosa termina en una casa privada. Tanto caminar para nada. Como tenía ganas cero de volver sobre mis pasos decidí subir por la derecha (en la foto se ve la pendiente hacia arriba, que es donde está el centro de la ciudad). Debe ser algún efecto óptico o qué se yo, pero la cuesta se veía el doble de empinada desde donde yo estaba. Eso significa ejercicio físico, que al final se transforma en más calor. Y como además estaba todo lleno de barro, la subida fue más bien resbaladiza. Los que habéis estado en una sauna sabéis lo que es que os caigan gotones de la cabeza y que tengáis el pelo totalmente mojado de sudor. Pues en ésas estaba, bastante mareado, (y con el plus de estar matando mosquitos cada 2×3) cuando por fin llego a un sitio donde no hay pendiente. Como no todo podía ser tan bonito, me doy cuenta de que huele a podredumbre que flipas, y que la vegetación, que me hace agacharme cada poco tiempo, se va volviendo no verde, sino gris (?). El olor empieza a ser inaguantable, la cantidad de mosquitos aumenta exponencialmente, y me tengo que parar porque sentía que me caía. Para más inri en ese momento una paloma se me cruza a dos palmos de mi cara, saltando de un arbusto a otro (en las películas suele ser un lobo, o algún animal feroz el que hace este tipo de movimientos para asustar, a mí por lo que sea me tocó una paloma). Del susto, me recupero un poco y sigo hacia delante, pensando ya si no me habría pasado de desvío y estaría en Chernobyl. Dos minutos después encontré la explicación. Había estado subiendo por una zona donde tiraban todos los residuos de una obra. Me encontré delante un tubo que estaba echando todo tipo de porquerías al bosque (de ahí el gris de las plantas, el olor y los mosquitos), así que corriendo ya, desaparecí de allí en cuanto pude, pues detrás de la obra ya se veía la ciudad.

Todo ésto del bosque que he contado es una tontería sin interés, pero quería contarlo aunque sólo fuera por lo de los residuos. Del resto del día no hay más que contar.

Curiosidad del día: Como dice el grupo de Facebook: “Paso de cebra. Y de tí también“.  Los pasos de cebra son una ilusión óptica al menos en Kiev. Para cruzar uno tenéis que esperar a que al menos otra persona pretenda cruzarlo, pues si sóis más de una persona los coches se pararán. Pero no se os ocurra cruzarlo siendo sólo uno, pues de verdad que el coche no hace amago ninguno de aminorar la marcha y te vas a ver obligado a pegar un salto nada deseado. Por supuesto hay excepciones, pero de momento ya me he visto obligado más veces a pararme yo en el paso de cebra, que el coche.

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