Día 3: Inicio de las clases

Publicado: 23 julio, 2011 en Kiev

Julio. Vacaciones. De viaje. Y un despertador que suena a las 8. Parece que una de estas frases no pega con el resto, pero es la pura realidad. Sorprendentemente me levanto de un salto y veo que hay gente peor que yo: Brandon y Michael ya estaban levantados y desayunados. El primero estaba sumándose años con una camisa de cuadros y una corbata; el segundo estudiando. ESTUDIANDO. Julio. Vacaciones. De viaje.

Como ellos no se conocían el camino les dije que nos fuéramos juntos, y así aprovechaba para sacarles algo. ¡Era una oportunidad única para practicar mi inglés y mi alemán! Desgraciadamente se hacían silencios incómodos, y al final todo quedó en la típica conversación sobre el tiempo y comparaciones de nuestros climas. Para más inri en el metro cada uno se pone en un sitio, con lo que desisto. Dedico los 25 minutos de metro a desear que en la escuela haya mejor gente porque si no…

Llegamos a la escuela NovaMova, que significa “nueva lengua” si mi memoria no me falla.  En seguida se nos acerca el jefazo, bastante majo por cierto, y nos dice que siente hacernos esperar, que por favor pasemos a la sala de estudio mientras tanto. La escuela por fuera es casi imperceptible: un edificio viejo, apenas visible pues hay que meterse por un pequeño callejón, y otra vez con un aspecto demasiado soviético que te hace pensar en dónde narices te estás metiendo. Pero por dentro es inmejorable. De hecho no tiene nada que envidiar a Kapito, la escuela de Münster, Alemania, donde estudié alemán el verano pasado: habitaciones amplias, biblioteca propia (no muy grande, eso sí), sala de cine con sonido 5.1, sala de estudio con ordenadores realmente nuevos, wifi… todo ello distribuido en 3 pisos. Así que aprovecho la espera para conectarme a Internet, pues por supuesto en mi piso no había, a pesar de que me lo prometieron.

Tras un rato vuelve el jefazo, y para entonces ya eramos unas cuantas personas más en la sala esperando. Éramos el grupo de los profesores. En total éramos: 4 americans, 2 españoles (qué gusto me dió oír español después de sentirme tan perdido), 1 inglesa y 1 italiano. Aquí empiezo a ver que algo falla. ¿Dónde están los profesores de alemán y francés? ¿Por qué hay tanto profesor de inglés? El jefazo empieza a contarnos las normas y derivados: Que si hay que vestir decentemente, que él mismo se personará en las clases para ver qué tal lo hacemos, …, y que recibiremos las clases de ruso por la mañana de lunes a viernes, y daremos las clases de nuestro idioma por la tarde de lunes a jueves.  ¡De 15:00 a 21:00, omfg!. Pero el susto me duró poco: El jefazo nos anuncia que no se han organizado bien en lo que a publicidad se refiere, y que no hay apenas demanda de español e italiano (esto es, de 2 de los 3 idiomas que se iban a impartir -> hecatombe), por lo que los profesores de estos dos idiomas no empezaríamos a trabajar hasta la semana que viene. “¡Awesome!” – pienso – “¡una semana gratis de ruso y de alojamiento, a cambio de nada!”. Para mejorar aún más la situación, nos entregan unas tarjetas con las podemos usar el metro ¡totalmente gratis! (y eso que el ticket vale unos míseros 2 grivnas, esto es, 17-18 céntimos). Y cuando parecía que no quedaban más casas que tirar por la ventana, ¡nos ofrecen un tour gratuito por Kiev! Por supuesto aceptamos, y como yo ya me conocía la ciudad aproveché para intentar acercarme a la gente.

Nos sentamos a comer el italiano, 2 americanas, la inglesa y yo, en un sitio recomendado por el jefazo. Ahora sí que había gente interesante. El italiano tiene mi edad (es decir, está hecho un mozalbete) , pero maneja perfectamente la friolera de 5 idiomas  (italiano, español, inglés, alemán y B2 en ruso). Es como ese sentimiento que te entra cuando estás aprendiendo a tocar la guitarra y luego ves tocar en directo a tu guitarrista favorito, que te hace querer dejar de tocar la guitarra por lustros. Una de las chicas americanas venía nada menos que de Portland, Oregon (tierra de Agalloch, por cierto). Para hacernos una idea, son más de 9,ooo km los que hay entre dicha ciudad y Kiev. Y sobre la chica inglesa bueno, decir que nos kickeaba el ass a todos, pues ha estado viviendo en San Petersburgo durante 5 años, y éso que es la más joven del grupo.

Sobre la comida, pues no está mal. Por fin pude probar la famosísima sopa de remolacha “Borshch“, que me gustó bastante para ser yo no muy amigo del mundo sopil. “Mlyntsi“, que vienen a ser como unos crèpes, y luego carnes rebozadas con diferentes salsas, o con queso. Realmente tampoco hubo nada que me pareciera sorprendente, pero por lo menos estaba todo bueno. ¿Todo? ¡No! Una parte compuesta por desagradables dulces resiste ahora y siempre a mi paladar. Mal que me pese, a pesar de ser los dulces una parte imprescindible de mi dieta (debe andar sobre el 80%), no consigo acostumbrarme a los de aquí (parecidos por cierto a los que probé en Eslovaquia). Además son unos false friends en toda regla, pues tienen buena pinta pero luego son intragables. Un ejemplo es una masa (no sabría decir el sabor que tiene… ¿a masa?) rellena de fruta y mermelada, y con yogurt por encima. Al leer esto podríais pensar que sufro de disfunción palatal, pues suena muy bien, pero no, la mermelada y la fruta están hipercalientes, y eso, junto a la masa y el yogurt (del tiempo) hacen que se te quede esa cara de beber alcohol de 40ºC por primera vez. Si además los cocineros te hacen la gracia de dejarte el hueso de la fruta disimulado entre la mermelada, puede incluso que se te caiga un diente mientras pones esa cara. Y otro ejemplo son las tartas, que no son tartas como Dios manda, sino que se deshacen conforme pasas la cuchara como lo hace la pizarra (la piedra, digo), en láminas.

En fin, hasta aquí el post de hoy, pues después de la comida cada uno se fue a su piso o a estudiar a la escuela, así que no queda nada interesante por contar de este día. Sería el día siguiente cuando, por fin, tendría mi primera clase de ruso.

Curiosidad del día: La forma de vestir. Las mujeres ucranianas tienen fama de ser de las más guapas del mundo junto con las rusas. No sé hasta qué punto será verdad, pues también es cierto que hay caras bastante raras (rasgos demasiado eslavos, supongo), pero lo que sí es cierto es que saben sacarse partido como ningunas: Diría que aproximadamente el 80% van con vestidos, no con vaqueros y camisetas, que es lo que más se ve en España al menos. Suelen ir con vestidos muy originales, muy femeninos, muy bonitos (algunas de verdad que parecen princesas) y juegan mucho con las transparencias, espaldas descubiertas, etc… Es como si todos los días fueran sábado por la noche. Los hombres en cambio (aquí ya no sé si esto es una opinión sesgada) son bastante horteras. Camisas hawaianas con bañadores chillones, pantalones cortos con zapatos de vestir, demasiada ropa militar… Hay de todo, pero desde luego hay bastante macarrilla.

Anuncios
comentarios
  1. aiari dice:

    Ver a un ucraniano con una camisa hawaiana tiene que ser gracioso cuanto menos, jejeje

    Ya tienes amigos majos! Bieeeen! Y sobre la comida… en mis viajes nunca soy capaz de probar las comidas tipicas (excepto en Finlandia y en Italia), porque soy muy tiquismiquis, pero siempre me gustan los dulces, postres, etc. Según tu descripción, creo que si algún día voy a Ucrania, tampoco probaré los dulces 😎

    Un besito y te seguiré leyendo a la vuelta, que mañana marcho a Roma-Florencia- Pisa y Siena 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s